Estación Flora

Flora

por Tatana Gimbatti, Stella Maris Pittilini, Nansi Rovira y Alicia Striglio

 

El sol, ilumina a la tierra llana cubierta de verde, salpicada por flores silvestres rojas, amarillas, blancas, además de algunos árboles inquietos y a un ondulante monte de eucaliptus, pero su destello da un brillo especial a las vías del ferrocarril que son el único testigo material de la importancia de este lugar.

Ese resplandor activa nuestra imaginación y nos permite transportarnos a la época dorada de la Estación Flora; en ese mágico momento escuchamos el sonido inconfundible del tren abriéndose paso por las vías, con su traqueteo ensordecedor, mientras la tierra tiembla, el aire vibra y el pitido con su fuerte grito anuncia una nueva era de progreso, ya corta el paisaje el avance de la locomotora exhalando nubes de vapor, se acerca, los hierros crujen, el humo negro denso, remolinea, gris, blanco hasta tomar vuelo para confundirse con las nubes, al fin la locomotora frena, chirriando suavemente se detiene.

La mirada de la muchedumbre que ocupa el andén de la flamante Estación Flora se dirige hacia el vagón blanco, que ostenta en su parte delantera, orgulloso, nuestro escudo nacional y a sus costados sendas banderas celestes y blancas. La gente ansiosa por este día especial, espera; pasado unos minutos se abre la puerta del vagón blanco; desciende entre saludos y aplausos de bienvenida el presidente de los argentinos, Don Victorino de la Plaza. Ya la volanta está dispuesta y parte rauda con el Primer Mandatario hacia su destino final la “Estancia Molles”.

 

¿Por qué existió la Estación Flora?

En su libro: El tren, su autora Norma Cavigliaso escribió:

“El 10 de mayo de 1911 fue abierta al público la sección del ferrocarril Bouquet-Saira- Noetinger.
En junio de 1911 comenzó la construcción de la estación kilómetro 58,684, Flora, ubicada a 5km al Oeste de Saira, próxima a la esquina del campo de Magallanes y al Norte de la colonia Los Molles, donde se encontraba la estancia de Don Victorino de la Plaza”.

El 2 de octubre de 1911 se autorizó librar al servicio público la estación Flora.

Victorino de la Plaza. Presidente de los Argentinos (1914-1916)

Pocos días después de la llegada del tren se aprobaron los planos de un desvío, galpón y planchada en Flora.
La Resolución del 13 de diciembre de 1911, denominó Flora a la estación del km 58.684.

El relato de los pobladores fruto del boca a boca transmitido de generación en generación nos
dice:
El ferrocarril llega a Saira en 1911. La Estación Flora es posterior, se construyó a iniciativa y para comodidad del presidente Victorino de la Plaza, quien asume ese cargo en forma interina en 1913 y luego definitiva en 1914.
Su proyecto incluía un desvío de las vías del tren hacia el sur de la Estación Flora, que llegara hasta la puerta de su casa, ubicada en la Estancia Molles, donde residía temporalmente.
El proyecto no prosperó y el Sr. presidente siguió recorriendo el polvoriento camino en su volanta.
Con respecto al nombre “Flora” parece que Don Victorino la llamó así en honor a una mujer muy querida por él.

 

Destino final de Estación Flora

En el año 1968 una tormenta, muy fuerte, destruyó el galpón. La Estación se cerró en la década del `60. El paso, que la llevó a su desaparición, fue la llegada de empleados del ferrocarril que se dieron a la tarea de desarmarla para luego cargar en vagones, ladrillos, tejas, tirantes, baldosas, muebles, que partieron con rumbo desconocido.
De esta “Estación emblemática” quedaron sólo las vías, a las que hoy recorren trenes cargueros.
Lo más importante es que, en sus recuerdos, los colonos que gozaron de sus servicios, manifiestan todos los instantes felices vividos en su andén, en el tren, en los galpones, momentos de ilusión de ese viaje que llevaba al encuentro familiar, de los jóvenes que partían para hacer la revisación médica, previa al servicio militar y de los enamorados que iniciaban su viaje de bodas, teniendo como punto de partida Estación Flora.

 

 

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