Creatividad, docencia y formación.
por Ariel A. Zecchini
(Supervisor de Educación Superior de la Provincia de Córdoba)
El siguiente texto pretende, por un lado, otorgar relevancia a los materiales de producción local y regional para su uso en educación y, por otro lado, compartir miradas y posiciones respecto del rol docente frente a ellos, a la hora de trabajar en las aulas de las escuelas y de los Institutos de Formación Docente con grupos con características de esta época.
El uso de materiales producidos localmente puede aproximar e introducir a los estudiantes al conocimiento del mundo próximo, y con ello el docente estimular el desarrollo de la indagación y de la creatividad, con la seguridad que estamos frente a fuentes genuinas de producción y socialización del conocimiento.
La creatividad, al igual que otras actividades humanas, según algunos autores, depende de las situaciones y los contextos. Sostenemos que es el profesional docente quien, desde su rol, debe generar intervenciones para que surjan contextos creativos de aprendizaje; esto significa que un contexto de creatividad se gesta solamente con acciones planificadas, pensadas y deliberadas por sujetos para otros sujetos.
Diversos autores plantean que para desarrollar la creatividad de los alumnos es necesario diseñar actividades de aprendizaje que promuevan la autonomía de los estudiantes, la elección de temas, bibliografías y metodologías. Y para ello sostenemos que es importante habilitar a búsquedas innovadoras, a la multiplicidad de opciones, a prácticas compartidas y reflexivas, a la inclusión de la diversidad cultural.
Resulta significativo poder considerar, por parte de los docentes – entre las alternativas a contemplar a la hora de seleccionar contenidos, materiales y pensar actividades – aquellas publicaciones de origen local y regional para trabajar con sus alumnos en los diferentes niveles educativos, según lo plantee el curriculum. Ofrecer la posibilidad de seleccionar y trabajar con los estudiantes un contexto próximo, con el que se interactúa cotidianamente, habilitará a problematizarlo, investigarlo y conocerlo. De esta manera se dará acceso al conocimiento de aspectos de lo local que aportarán a los alumnos elementos para su desarrollo como una forma de enriquecimiento y ampliación de sus horizontes culturales y como modo de tomar contacto con diversas formas de la cultura.
A partir de aquí, es ineludible pensar en las habilidades y las capacidades que deben desarrollar los docentes para poder posicionarse y sostener propuestas pedagógicas creativas e innovadoras – en torno a este tipo de materiales – que permitan a los estudiantes la indagación, la elaboración de preguntas, un recorrido renovado para acercarse al objeto de estudio, en espacios pedagógicos diferenciados para que puedan interactuar con el mismo; en fin, la experiencia y tránsito, por parte de los estudiantes, en renovadas formas de acceso al conocimiento.
Desde esta posición, adquiere relevancia el constante debate que deben darse hacia adentro los Institutos Superiores de Formación Docente, con el propósito de analizar acerca de las miradas y posicionamientos que requiere hoy la formación docente inicial, las propuestas pedagógicas que se desarrollan y deben desarrollarse con los estudiantes para que, a futuro, sean creativos, abiertos e innovadores a la luz de los materiales de producción local y regional, las metodologías de enseñanza que se aplican en consonancia con la propuesta orientada a la creatividad, e indefectiblemente a la relación que se debe generar con el uso de las tecnologías.
En este momento la formación docente requiere ser pensada como trayecto que inicia con el cursado del profesorado y debe continuar durante toda la vida profesional y laboral. Esto requiere, por una parte – para los estudiantes de carreras de formación docente y para los formadores de formadores – pensarse en una constante búsqueda de renovadas propuestas para el desarrollo de los diferentes contenidos. Por otra parte, saberse frente a sujetos – a generaciones – que se renuevan al ritmo que lo hace el contexto y que, por ello, demandan propuestas adecuadas a ellos, y a los tiempos. Hoy, mantener formas de enseñanza que se usaban en épocas pasadas, pensadas para estudiantes con otras características, nacidos y desarrollados en otras épocas, no estarán – seguramente – estimulando el logro de aprendizajes significativos.
Así las cosas, sostenemos que es necesario formar docentes que sean conscientes de su constante renovación y predispuestos a asumirse en aprendizaje permanente y a pensar renovadas propuestas pedagógicas.
En este mismo sentido, el Consejo Federal de Educación, en una de sus últimas sesiones del presente año, aprobó mediante la Resolución 337/18 – que reviste estatus de norma – el Marco Referencial de Capacidades Profesionales de la Formación Docente Inicial que contiene y desarrolla aquellas capacidades que “deben ser promovidas en quienes se forman como docentes, más allá de las particularidades de cada Jurisdicción y del profesorado de que se trate.”
En virtud de ello – y relacionando con lo planteado en este texto – encontramos que la capacidad que se relaciona directamente con el tema aquí propuesto es aquella que refiere a “Actuar de acuerdo con las características y diversos modos de aprender de los estudiantes”. Ello implica, para el docente poder “Identificar las características y los diversos modos de aprender de los estudiantes” y “Tomar decisiones pedagógicas que reconozcan y respeten la diversidad a fin de propiciar el logro de aprendizajes comunes significativos.”
En la actualidad, y teniendo en cuenta el Marco Referencial de Capacidades para la Formación Docente Inicial, disponemos de un amplio campo para el desarrollo de las capacidades que se requieren en la profesión docente. Entre ellas:
a) orientar el uso pedagógico de las producciones locales y regionales con el fin de acercar a los estudiantes a una parte del conocimiento.
b) Promover la creatividad, desde el rol docente, para que les permita habilitar a sus estudiantes a que aprendan desde el espacio público de las escuelas, experiencias de formación para la autonomía y el pensamiento crítico.
c) precisar a las Instituciones de Formación Docente a formar profesionales para que se puedan desempeñar frente a grupos de estudiantes, demandantes, nacidos y desarrollados en un contexto cultural actual que requiere de propuestas pedagógicas en constante renovación.
Con este marco, y amparados en Jackson sostenemos que “en nuestra condición de educadores debemos aprender a hacer lo que hacemos profesionalmente mejor de los que lo hemos hecho hasta el momento”. Ello implica revisar prácticas, ponerlas en tela de juicio y refundarlas a la luz de las actuales generaciones de estudiantes.